La primera profecía – La profecía: El principio Por Andrea Domina

Freud plantea “Lo siniestro” como una vivencia contradictoria (texto de 1919), donde lo extraño se nos presenta como conocido y lo conocido se torna extraño. Ese sentimiento que siendo familiar y conocido regresa a nosotros con una sensación de extrañeza y contenido terrorífico que nos produce angustia. En un primer momento Freud define el conceto como aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido y familiar desde hace mucho tiempo, pero todo lo nuevo y no familiar se vuelve siniestro, algo se tiene que adherir para que devenga siniestro. Freud se plantea lo siguiente: ¿Cómo es posible que lo familiar devenga siniestro, terrorífico y en qué condiciones ocurre?
Se cuenta que una vez, el padre de Kierkegaard le cuenta a su hijo la historia del bandido generoso, un ser que asaltaba y asesinaba para favorecer a los desahuciados, una especie de Robin Hood, un tipo violento pero generoso. Quedando muy impresionado por los relatos de su padre Kierkegaard se dirige a su cuarto y pasa frente a un espejo donde se detiene mirándose detenidamente, fue en ese momento cuando le sobrevino una crisis de angustia, ¿qué es lo que le pasó en ese momento? ¿Por qué se angustió tanto?; podríamos dilucidar una respuesta: vio al criminal que todos tenemos dentro, vio la posibilidad de que él mismo pueda convertirse en un bandido. “Lo ominoso es algo que, destinado a permanecer oculto, ha salido a la luz”. Lo que vemos en lo siniestro son aquellas estructuras como la muerte, la violencia, el odio y el terror, que creímos haber superado con la adultez pero que sin embargo están ahí ocultas y regresan a nosotros a través de mecanismos de defensa como la proyección.
En lo personal, lo ominoso, se vivencia en ese miedo a una fuerza maléfica, poseedora de un poder sobrehumano, invisible, que nos domine.
Con lo que se va a encontrar Margaret Daino (Nell Tigre Free) en esta precuela La primera profecía (The First Omen, 2024), una novicia, aspirante a monja, ayudada por su mentor, el cardenal Lawrence (Bill Nighy), llega a Roma en 1971, en un período de gran inestabilidad social y política para Italia, a una abadía que funciona como un internado para niñas huérfanas.
La principiante llega sosteniendo un oscuro pasado que la persigue y cree entender la diferencia entre el mal y el bien; pronto descubrirá que “el MAL” es capaz de encontrarse en lugares insospechados, incluyendo su propia iglesia, compañeras, y en ella misma.
Esta precuela de La profecía (The Omen, 1976], nos sumerge en una trama intrigante que cuestiona la fe y la lucha contra las fuerzas del mal, ¿del mal?!!! ; o sólo da cuenta de un grupo de poder que justifica su ambición de manipulación del espíritu humano para manejar al rebaño; porque en definitiva en la representación del “Cuco” ponemos afuera algo de nuestro propio terror: debajo de la cama no hay nada.
Arkasha Stevenson debuta como directora con bastante acierto, con una puesta en escena muy lograda por parte de la fotografía de Aaron Morton (Posesión Infernal), oscura, agobiante, recordando mucho al cine de los ‘70; la ambientación de Roma recordando aquellos años bien reflejada, y la canción ”Ave Santani“ nos recuerda a la película original; todo esto nos lleva a concluir que confía más en lo golpes de efecto que en la psicología de los personajes (aunque no en lo interpretativo), o en la historia misma que trata de contar el engendro del anticristo por una bestia cuya imagen diabólica y psicodélica no conquista y no termina de definirse en su corporeidad.
El director Richard Donner en 1976 nos regala un clásico protagonizado por Gregory Peck y Lee Remick, que figura entre las mejores películas de terror, aunque en realidad el género que mejor la define es el suspenso, lo oculto, lo ominoso. La banda sonora ganó el premio de la Academia, y se transformó en un sello distintivo.
Junto con El exorcista (The Exorcist, 1973) El bebé de Rosemary (The Rosemary Baby, 1968) y El resplandor (The Shinning, 1980) están en la lista de culto de grandes realizaciones de suspenso o dramas psicológicos íntimos y familiares sin sacarnos sustos, gritos fáciles y baratos.
La película tiene la capacidad de llevarnos con la insinuación como norma de un guion que va haciendo constante hincapié en la impresión de que todo lo que pasa es producto de la acumulación de tenebrosas casualidades que solo consiguen acrecentar el estado de paranoia que va siendo presa de los personajes
Las Profecías, en sus tramas, coinciden en asociar o sugerir que “La Bestia” está relacionada con los poderes políticos y religiosos e identificada por el mismo símbolo en ambas: 666 el número de la triple maldad, el demonio, el anticristo, y el falso profeta.


