La hoguera de las vanidades: La vanidad, sentimiento popular por Andrea Dómina

La hoguera de las vanidades (The Bonfire of Vanities) es una película de 1990, dirigida por Brian De Palma y basada en la novela homónima de Tom Wolfe. La película es una sátira de la sociedad estadounidense de los años ´80, que critica la ambición desenfrenada, el materialismo y la superficialidad de la época.
La historia es de Sherman Mc Coy, un corredor de bolsa de Wall Street interpretado por Tom Hanks, quien vive con su esposa y su hija en un lujoso departamento en New York. Sin embargo, su vida comienza a desmoronarse cuando se ve involucrado en un accidente en el barrio del Bronx que implica a un joven afro americano y a su amante María, interpretada por Melanie Griffith, quien conducía el vehículo. Comienza a perderlo todo cuando el escándalo sale a la luz.
Su progresivo descenso a los infiernos se produce a la par del éxito de Peter Fallow (Bruce Willis), un periodista alcohólico que escribe sus columnas sensacionalistas en el City Light, un diario amarillista. Fallow es, además, quien narra la historia en el film con su voz en off.
Así es como el circo de los medios va detrás de su presa: el rico tras las rejas. El periodista alentado por su editor, busca nuevas notas y coberturas de este escándalo y lo hace sabiendo que está siendo utilizado por los diferentes grupos de interés: el fiscal de distrito, el líder de una iglesia del barrio del Bronx y la madre del joven hospitalizado por el accidente. Como todo periodista que se precie de tal, Fallow tiene contactos que le proporcionan una nueva evidencia, la cual se la filtra al abogado defensor; el juez White (Morgan Freeman) ordena la libertad del Mac Coy. Este oportunista y desprejuiciado reportero, gana el Premio Pulitzer convirtiéndose en el máximo influyente del cuarto poder.
La dirección de Brian De Palma es efectiva en mostrar la opulencia y los excesos de la época, la hipocresía y el racismo subyacente y cómo estos problemas seguían sin resolverse, y eran aprovechado incluso por los mismos segregados. El director logra poner de manifiesto que la vanidad y el materialismo, son sentimientos que a traviesan a todas las clases sociales; convirtiendo a las personas en medios para conseguir sus fines, sin sopesar que los puede conducir a su desintegración personal y profesional.
A pesar de ser una temática tan genuina y que aún sigue vigente, en su momento fue un fracaso de crítica y de taquilla, esta última quizá influenciada por la primera; es un film que puede relacionarse con Wall Sreet (aunque anterior de 1987, dirigida por Oliver Stone), referente de conflictos morales, en la búsqueda de riqueza y poder contra la simplicidad y la honradez; El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street) de Martin Scorsese del año 2013, que se centra en la vida audaz, y de excesos y de corrupción de un broker; con La gran apuesta (The Big Short) de Adam McKay del año 2015, inversores que intentan sacar provecho de la crisis económica que ocurrió en el año 2008. Aún así, De Palma logra marcar su impronta tan particular con esta sátira de las vanidades.


