La terminal: La grieta Por Candela A. Povedano

Steven Allan Spielberg fue y será el creador de Universos que pueden subestimar el limite de la ficción cinematográfica y la realidad que se conoce.
En el año 1975 se estrenó la primera película de Tiburón (Jaws, 1975) de género suspenso basada en la novela de Peter Benchley. Este pez con dientes afilados, conocido como un depredador acuático, fue potenciado por el director para convertirlo en un asesino en serie, desatando talasofobia en un gran porcentaje de espectadores.
Al poco tiempo, Spielberg escribió y dirigió la película Encuentros cercanos del tercer tipo (Close Encounters of Third Kind,1977), película de ciencia ficción que se basa en la interacción de un hombre con un objeto volador no identificado (OVNI). Teniendo en cuenta que en Estados Unidos para un gran sector de la comunidad este tipo de vivencias sobrenaturales son “normales”, el director cae nuevamente en el juego de “puede suceder”. Siguiendo el hilo propuesto e ignorando varias películas aclamadas por la crítica en la trayectoria de Spielberg, en el año 2004, con un público menos impresionable, se estrena en la gran pantalla La terminal (The Terminal, 2004) una película de comedia dramática protagonizada por Tom Hanks, Catherine Zeta-Jones, Chi McBride, Stanley Tucci y Diego Luna.
La historia se desarrolla en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy donde miles de inmigrantes quieren ingresar a Estados Unidos por varios motivos. Entre ellos, Viktor Navorski (Tom Hanks) es notificado que no puede ingresar a la tierra de las oportunidades porque EE. UU. dejó de reconocer a su país de origen “Krakozhia” (país ficticio) como una nación soberana. Esto se debe a un golpe de estado que ha sufrido en las últimas horas y, a consecuencia, el turista sin ciudadanía queda atrapado en la terminal.
Lo que más impacta en la película es la personalidad inocente del refugiado por su mirada de niño perdido.
La escena que resume su destino es cuando, luego de perder sus cupones de comida gratis, recolecta galletitas y aderezos de diferentes locales para almorzar. El ímpetu que utiliza para lograr su cometido genera una mezcla de ansiedad y simpatía en el espectador. Sin embargo, es interrumpido por el jefe a cargo Frank Dixon (Stanley Tucci) quien le ofrece “indirectamente” escapar de la terminal, pero el mensaje no es recibido como se esperaba.
Su ingenio de adaptación hace que la empatía de los empleados del aeropuerto se potencie ante su causa y lo acompañan en el proceso de ser “rechazo e irrelevante” a ser “aceptado”. En la mayoría de las películas de Spielberg la grieta se hace presente en el quiebre entre lo que parece real y aquello que toma el poder total de la palabra ficción. El cuestionamiento de entrelazar estos mundos es cuando el personaje sobrepasa el umbral de lo imaginativo y llega a disponer de un “si llegará a pasar”. Cabe destacar que esta historia es basada en la vivencia de Mehran Karimi Nasseri, un refugiado iraní que vivió en el Aeropuerto de París-Charles de Gaulle entre 1988 y 2006.
Siendo que han pasado 20 años del estreno, el peso del corte ilustrativo que impacta el antes y después de la película sigue estando vigente. El mundo se ha vuelvo viral pero no más humano. La gracia del cine es abrir las puertas a un nuevo Universo que potencie lo maravilloso que es nuestro cosmos. Es una película que nos hace reír y llorar y sentirnos bien con el mundo.
