María llena eres de gracia: Que nadie sepa mi sufrir Por Elen Helen

Es bien sabido que el sistema capitalista en América latina es complejo, salvaje y desigual. Las nuevas élites y capitales transnacionales moldearon una hegemonía neoliberal, privatizando y abaratando la mano de obra. Este modelo va de la mano de una creciente debilidad del Estado, una mayor desigualdad social, y la concentración de la riqueza a manos de grupos muy reducidos, estas condiciones hacen de esta región un espacio muy difícil de habitar y de sobrevivir.
La homogeneización cultural, la degradación o extinción de la propia cultura subsume a sus habitantes en seres humanos alienados y desconcertados en sus propias tierras. Si bien cada sociedad latinoamericana tiene su particularidad, y su propia ansiedad cultural, en todas se vive un espacio común, la disparidad. La sociedad colombiana en particular durante la década del 2000 vivía tiempos de suma violencia y persecución hacia los pueblos indígenas los cuales continúan siendo víctimas de masacres y desapariciones forzadas. Un panorama complejo a la hora de comprender un entramado de objetividad y sensibilidades particulares.
Otro componente fundamental que hace mella en el pueblo latino es el rol de la religión, la mayoría de los países son católicos apostólicos romano. Colombia es uno de los países con mayor número de católicos del mundo. En el año 2017, el Vaticano lo ubicó en el séptimo lugar de la lista de países con más católicos. La religión se presenta aquí como forjadora de personalidades, impone imaginarios y construye maneras de ver el mundo.
El culto católico contribuye a crear un sujeto sujetado a creencias y valores que poco tiene que ver con lo que sucede en la vida real y solo permite que determinados abusos sean entendidos como naturales, aceptados con sumisión y vividos con resignación. Es en este contexto en el que se inscribe la película María llena eres de Gracia de Joshua Marton, una coproducción entre Colombia y Estados Unidos estrenada en el año 2004.
La historia cuenta la vida de María (la elocuente Catalina Sandino Moreno) quien es una adolescente de 17 años que vive inmersa en una realidad frustrante, un trabajo hostil con un jefe explotador y una familia que se aprovecha de ella. Cuando se entera que está embarazada de su novio, un joven anodino y con pocas luces, decide dejar su trabajo e ir a hacia Bogotá, en el camino conoce a un joven muy diferente a su novio que le promete un mundo mejor, se deja seducir y convencer por Franklin (John Alex Toro) y se ve entusiasmada ante la peligrosa propuesta que le hace, poner su cuerpo, para utilizarlo como objeto de traslado de droga hacia Estados Unidos. Ni más ni menos que lo que se conoce como “mula”.
Aquí me quiero detener para explicar brevemente de qué se trata ser una mula, se refiere al tráfico de heroína y cocaína, a menudo se hace tragando globos de látex, condones o pedazos de guantes quirúrgicos que contienen la sustancia en cuestión para luego recuperarla a partir de las heces de la mula. Es una práctica común aunque sumamente riesgosa desde el punto de vista médico, pues la mula puede llegar a morir si uno de dichos paquetes se llegara a reventar en su interior.
Una sociedad enferma al punto de mercantilizar lo más preciado, nuestras vísceras, y tomarlas como moneda de cambio. Colombia es el país líder en producción de cocaína a nivel mundial, es el punto geográfico clave para el intercambio entre Sudamérica y Norteamérica. La vida cotidiana de la sociedad colombiana está atravesada por el narcotráfico.
María Llena Eres de Gracia (2004) es un drama naturalista, pero con algunos detalles notables como es el tratamiento que Joshua Parton le da al cuerpo y que se puede relacionar con categorías planteadas por el body horror, el bodyhorror es un subgénero del género del terror que se caracteriza por la mutación, el cambio, una transformación corporal que moviliza asusta y agita el espíritu . El cuerpo modificado, transformado es lo que María experimenta al tragar esas cápsulas que contienen droga. El planteo que realiza el director transmite asco, miedo y perturbación que traspasa la pantalla ante la vulnerabilidad de María. Si bien no es una película de género, todas estas características pueden ser observadas en María Llena Eres de Gracia. Espectadores cautivos de ese miedo, miedo que experimentan miles de colombianos y de latinoamericanos en general al probar una forma rápida de ganar dinero y como salida a una nueva vida. América latina practica el catolicismo pero Dios atiende en América del Norte, es la metáfora del film.
La interpretación de Catalina Sandino Moreno, encandila la película convirtiéndose absolutamente en una historia con fuerte anclaje en la protagonista, construye una estoica María que sigue adelante con audacia y le valió una nominación a los Premio Oscar en el año 2004. La ansiedad del personaje es la ansiedad de la década, es un momento histórico en el cual no hay escapatoria, no hay futuro posible, la muerte es una variable menor ante el desamparo de vivir allí. María realiza un tour de forcé por lo más oscuro de la miseria humana, su cuerpo como objeto, como vehículo de transporte de un vacío existencial repleto de narcóticos. Un coming of age que arrastra al espectador al horror, la desesperanza y una realidad que golpea en la cara de generaciones sin rumbo. Si bien la película es del año 2004 la situación en América Latina no cambió, sino que se profundizó aún más, motivo por el cual, María llena eres de Gracia de Joshua Marton tiene absoluta vigencia veinte años después de su estreno.
