
Tres películas de Harrison Ford: de héroe a fugitivo Por Claudio Marcelo Mion

Stars Wars: El imperio contraataca (1980)
Cuando George Lucas retiró en forma definitiva a Harrison Ford de su oficio de carpintero para ser unos de los protagonistas de American Graffiti (1973), ya lo tenia en mente para la historia que ocurriría en una galaxia, muy, muy lejana. Secuela casi obligatoria de la primera película estrenada en 1977, el filme de Irving Kershner (antiguo maestro de Lucas en la UCLA) es considerada la mejor película de la saga, opinión casi unánime y difícil de ser rebatida. Además de los sables láser, Darth Vader, Yoda y una revelación ya mítica, la película es mucho más sólida en su guion y puesta en escena que su predecesora, visualmente deslumbrante y con sus personajes principales más humanizados. Ford hace de su Han Solo no solo un cowboy intergaláctico y un carismático mercenario, sino que también es un héroe romántico, con una química muy especial con la princesa Leia (Carrie Fisher), que se sabe hoy, fue más allá de la pantalla. Tuvo una influencia muy importante en su personaje, y no dudó en cambiar líneas del guion creando las frases mas recordadas de la saga, y todo esto un año antes de alcanzar la fama interpretando a cierto prestigioso arqueólogo.
Testigo en peligro (1985)
La primera incursión del australiano Peter Weir en Hollywood es una excusa de un thriller policiaco para una de las obsesiones de su cine: la del choque cultural entre dos mundos totalmente distintos. En su única nominación al Oscar como Mejor Actor, Ford se despega de sus roles habituales como John Book, un detective de Filadelfia que se debe refugiar en la comunidad amish para proteger al hijo de Rachel (Kelly McGillis), testigo de un crimen que involucra a la policía local. El guion trabaja el dilema moral que se le plantea al personaje de Ford de forma notable, adquiriendo sobre todo en su segunda mitad un tono casi de documental al retratar la colisión del mundo amish con el real. La dirección de Weir logra de un modo fascinante la combinación del melodrama más tradicional (la historia de amor imposible entre los dos protagonistas), y el policial más duro (sobre todo en la escena del crimen y en el duelo final). A todo lo anterior le suma la bellísima música original del francés Maurice Jarre y el uso de la canción Wonderful Word de Sam Cooke en una de las mejores escenas de Harrison Ford en toda su filmografía.
El fugitivo (1993)
A exactos treinta años del comienzo de la serie de televisión, la unión del director Andrew Davis (Código de Silencio, Alerta Máxima), un guion sólido y preciso como un mecanismo de relojería y Ford ya convertido en estrella desde hacía muchos años, produjo uno de los mejores thrillers de acción de la década del noventa. La historia del medico acusado y condenado injustamente por el asesinato de su esposa y que lucha casi hasta la muerte para demostrar su inocencia, convierte a Ford en el típico protagonista hitchcockiano, esto es el “hombre común y corriente en situación desesperadas”, al estilo de James Stewart o Cary Grant en las mejores películas de Sir Alfred de los años cincuenta. Además de los escenarios de la ciudad de Chicago que funcionan como un protagonista más, Ford tiene su contraparte en la perfecta caracterización de Tommy Lee Jones como el alguacil Sam Gerard, quien va a insistir hasta el final en su búsqueda, aunque no le importe que él declame su inocencia. Suerte de western urbano que no detiene su marcha ni un minuto, la película se permite, además del perfecto juego del gato y del ratón, indagar en la corrupción de la industria farmacéutica.



