Manuales de supervivencia para un mundo en silencio Por Laura Diaz

La tortuga roja (2016) de Michaël Dudok de Wit
Si el ser humano se diferencia de los animales por el lenguaje, ¿qué ocurre cuando no tiene con quien dialogar? Este regreso al mundo natural se narra en La tortuga roja (La tortue rouge, 2016), primer largometraje de Michaël Dudok de Wit, que entre sus productoras tiene a la renombrada Studio Ghibli. Solo en una isla desierta, el náufrago tiene que adaptarse a su entorno salvaje, y a sus tiempos. A la par que busca modos de escapar, conoce a una tortuga roja que cambiará su destino. Como alegoría de los ciclos de la vida, el animal representa la comunión entre el hombre y la naturaleza, sin necesidad de dominarla ni invadirla. En este mundo primitivo, la comunicación se da sin palabras, a través de otros signos. Así, el relato no solo reflexiona sobre la supervivencia, sino que también resignifica el arquetipo del náufrago, asociado a la desconexión, pero que aquí representa la capacidad de crear mediante el entendimiento del hábitat. De este modo, la película invita a repensar nuestro día a día y el valor que otorgamos a las cosas, recordándonos que la verdadera conexión puede encontrarse en lo simple, lo pausado, lo que usualmente no apreciamos.
Mi amigo el robot (2023) de Pablo Berger
Dog, un perro solitario que vive en el Manhattan de los años ochenta, compra a Robot y forja un cariño intenso. Pero sus aventuras se ven truncadas por un descuido. ¿Cómo convivir con la perdida? Mi amigo robot (Robot Dreams, 2023), escrita y dirigida por el español Pablo Berger, basada en la novela gráfica de Sara Varon (publicada en 2007), nos muestra dos modos de sobrellevar un duelo. Sin diálogos, la película se apoya en, por un lado, las referencias audiovisuales a otros largometrajes o a la cultura pop de la época. Esto permite completar todo lo no dicho. Lo mismo ocurre con la banda de sonido que evoca sensaciones y vehiculiza las emociones de los personajes. La gran potencia de la cinta es su universalidad: ese perro, ese robot, puede ser cualquiera. El vínculo, también: ¿es amistad?, ¿es un romance? E incluso el hecho de que sea animada hace más potente el mensaje: interpela a los infantes y a los no tanto. A fin de cuentas, queda en el espectador definirlo y darle valor a la canción que funciona como leit motiv, “September” de Earth, Wind And Fire: todos tenemos un día que recordar.
Flow (2024) de Gints Zilbalodis
El mundo puede cambiar de un día para otro. Eso ocurre para el gato protagonista de Flow (2024) que despierta y ya nada es como antes. Frente a inundaciones salvajes e imparables, tiene que emprender la huida y dejarse llevar. A ese viaje se sumarán otros animales, con los que tendrá que aprender a convivir y, sobre todo, a subsistir. La ganadora del Oscar 2024, dirigida por el letón Gints Zilbalodis, está realizada en Blender (un software de código abierto) que le brinda un enfoque minimalista. Una de las marcas distintivas de este largometraje es la no humanización de sus personajes: no solo se evidencia en la ausencia de diálogo, sino que además cada animal tiene actitudes y gestos propios de su especie. Esto, sin embargo, no impide que a lo largo de toda la deriva del viaje en barco aparezcan temas como la aceptación del otro, la muerte y, sobre todo, la importancia de colaborar y aceptar las diferencias. Sobrevivir cuando todo ha acabado es posible cuando se hace en equipo. Porque ante lo inevitable de la destrucción, ante un fin posible del mundo, la salida es colectiva.



