Triple contacto Por Marcos Giménez

La llegada (Arrival, 2016)
Una serie de naves espaciales ha aterrizado en múltiples locaciones de nuestro planeta. Las naciones involucradas intentan contactar con seres extraterrestres, pero necesitan de herramientas para lograrlo. Es así como la profesora experta en lingüística Louise Banks (Amy Adams) es convocada por el gobierno de Estados Unidos para lograr comunicarse con ellos y conocer el propósito de su visita. En La llegada, el director Denis Villeneuve logra introducirse en el género de ciencia ficción sin descuidar la esencia que caracterizó a los personajes de sus anteriores películas (El hombre duplicado, La sospecha). En una misión por conocer sobre lo exterior, plasmada a través de un uso escaso pero astuto de efectos especiales y escenarios grandes e imponentes, Villeneuve se enfoca también en otra misión, una de carácter introspectivo sobre la mente de Louise, su naturaleza y emociones. Este es un viaje de descubrimiento, no sólo de seres espaciales, sino también del poder que tiene el lenguaje para darle forma al tiempo y a nuestra realidad.
¡Marcianos al ataque! (Mars Attacks!, 1996)
Un día ocurrió lo que la humanidad esperaba desde hace mucho: hallamos vida alienígena. Vienen de Marte y pronto llegarán a la Tierra. En Estados Unidos -el obvio epicentro de todos los hechos espaciales- el oportunista y carismático presidente (Jack Nicholson) es optimista frente al hecho pese a las dudas que tiene su gabinete. En un intento de darles una bienvenida oficial se desata el desastre: no vienen en son de paz. Inspirada en clásicos del subgénero de invasión alienígena como Los invasores de Marte (Invaders From Mars,1953), Invasión de los platos voladores (Earth vs The Flying Soucers, 1956) ¡Marcianos al ataque! es una sátira liviana pero eficaz; es capaz de ser una cómica y ridícula aventura y, a la vez, una sutil crítica al gobierno y la sociedad estadounidense. La clave está en sus personajes peculiares, tanto los humanos que buscan hacerle frente a la invasión, como los marcianos que generan situaciones hilarantes. Una proeza a destacar, ya que los personajes son vastos, aunque están claramente definidos pese al poco tiempo de cada uno en pantalla. Aunque el uso de CGI pueda parecer primitivo para los estándares actuales, el diseño de los marcianos es lo suficientemente ingenioso para hacer a esta película sobrevivir al paso del tiempo.
Hombre mirando al sudeste (1986)
Rantés (Hugo Soto) es un nuevo paciente en el hospital psiquiátrico. Nadie sabe cómo llegó allí, no hay registro de su ingreso ni de su identidad. Él afirma ser proveniente de un planeta lejano y su misión es estudiar a los humanos. Sin embargo, su apariencia es la de una persona como cualquier otra. Ante semejante declaración, el doctor Julio Denis (Lorenzo Quinteros) desarrolla un particular interés en él. Para comprender los enigmas de su mente, Denis establece una estrecha relación con Rantés y comienza a cuestionar si el paciente realmente está diciendo la verdad. Un ejemplo de ciencia ficción con un acercamiento al realismo mágico, pues es capaz de representar lo extraordinario como algo cotidiano, en más de un sentido. El uso de efectos prácticos y una sólida banda sonora — a cargo de Pedro Aznar — son suficientes para consolidar la atmósfera de misterio e inquietante del filme. Lo que termina de formar este concepto son las reflexiones que el director y guionista Eliseo Subiela plantea al espectador: que la esencia humana, corrompida e incongruente, sea lo real y aceptable, mientras que el cuestionamiento y la preocupación por el sufrimiento humano sean algo foráneo y propio de la locura.



