Fantasma en el Paraíso: ¡Entrega tu alma al festín musical de Brian! Por Mariana Dimant

“Una invitación: ¡Estos excitantes y satánicos años setenta! Un tiempo mágico donde la realidad y la fantasía se confunden perfectamente en la vida cotidiana. Aquí en el Paraíso te ofrecemos un especial brebaje de atrocidad y arte. Música y crimen doblemente lóbrego. ¿Y el horror que presencias será simplemente teatral o real? La única forma de estar seguro …es participando. En el Paraíso nuestras estrellas están contratadas para entretenerlos a cualquier precio. Confía en mí. Firmado: Swan“.
Este texto de la tapa del vinilo de la banda de sonido realizada por Paul Williams para el film, nos anuncia que estamos invitados a un espectáculo donde los límites entre realidad y ficción parecen ser una de las fantásticas claves. Siendo la sexta película del realizador, nos encontramos en el período en el cual De Palma experimenta con diversos géneros; aquí nos sorprende con un musical que también posee elementos del thriller, del terror, del drama y hasta de la tragedia.
Una sinopsis de la primera parte del film, diría que el compositor Winslow Leach (William Finley) atrae la atención del empresario de una discográfica Swan, cuando realiza una audición con parte de su cantata “Fausto”. La partitura -y el mérito de la obra- serán usurpados por Swan para el estreno de su teatro llamado El paraíso. El compositor será objeto de conspiraciones para encerrarlo, y al lograr escapar, su meta se dirigirá a destruir la discográfica de Swan. En tal intento, una prensa de vinilos, al aplastarlo, le desfigurará el rosto, dejándolo maltrecho y desquiciado. Así tomará el rol del Fantasma, transformado en una figura trágica, vengativa y tenebrosa.
Trasnoches musicales en el cine
Estrenada un año antes que Tommy (1975) de Ken Russell, y Orgía de horror y locura (The Rocky Horror Picture Show, 1975) de Jim Sheridan, la película anticipa el auge en el cine de las óperas rock bien inspiradas, y pone a De Palma a la vanguardia de sus colegas. En su momento, la película no fue bien recibida, -siendo un fracaso de recaudación en taquilla-, pero lenta y de forma constante, a partir de los ’80, fue redescubierta y valorada por un nicho de admiradores. Se convirtió, tras décadas, en un clásico de culto, parte de uno de esos títulos persistentes, ofrecidos en la cartelera de las trasnoches de fin de semana. Grupos de adolescentes o antiguos fanáticos, sumado a descubridores de gemas ocultas, se sumaban al ritual. Este consistía en asistir a las funciones nocturnas como si fuera una especie de espectáculo en vivo: Disfrazados y maquillados como los personajes del film, dispuestos a cantar las canciones, coreando las letras durante la proyección. Un pequeño fenómeno sociocultural -acorde a la invitación de Swan- para integrar y disfrutar el mundo satírico, colorido, delirante y mágico del Paraíso por una hora y media.
La apropiación
Uno de los temas principales que propone el film, es una crítica satírica a los productores ambiciosos que vampirizan a sus artistas. Paul Williams -interpretando al empresario Swan- ha vendido su alma al diablo (referencia al “Fausto” de Goethe) y también mantiene su juventud eterna (la idea central del libro “El retrato de Dorian Gray”). Pretendiendo parasitar al creador anónimo para su espectáculo musical definitivo, le promete, a cambio de su obra, entregarle a la cantante elegida, Phoenix (Jessica Harper, antes de actuar para “Suspiria” de Argento). Asistimos a la selección de cantantes estrafalarios que éste ser, caprichoso y despótico, organiza; y vemos como disfruta, llenando una cama redonda de mujeres seleccionadas, mientras él las mira desde un lugar oculto para elegirlas. De Palma nos invita al voyeurismo de la mirada poderosa de otro.
El disfraz
El compositor usa una capa negra, y un casco/máscara que semeja un cuervo sobrenatural, para convertirse en el Fantasma. Su voz también quedó deteriorada en el accidente: Podemos ver en él, un Darth Vader musical derrotado. El grupo Daft punk reconoce haberse inspirado en este film para crear sus cascos.
Cantar en la ducha y morir en escena
La mirada cinéfila del director nos deleita con un pasaje donde parodia la icónica escena de “Psicosis”: el cantante llamado Garra, está duchándose mientras canta un tema del Fantasma. Este último, en lo que parece ser un inminente asesinato, corre la cortina para ponerle un destapador de baño en la boca. El mismo actor, Graham Gerrit, nos ofrece una de las partes prodigiosas de este film de grandes combinaciones de imagen y sonido: su performance, como una especie de Frankenstein rockero que muere electrocutado en el escenario, está compuesto de paródicos fragmentos de Mick Jagger, Marc Bolan y David Bowie.
Glamouroso desenfado
Las capacidades de mostrar estilo propio -y creativo- desde el manejo de cámara, y puesta en escena-, tienen en esta película, una potencia festiva y exuberante. Es un musical efectivo, y encontramos en él, en forma de entretenimiento audiovisual, melodrama, misterio, asesinato, obsesión y desamor, puntos de recorrido de toda la filmografía del realizador. De ritmo incansable y lleno de imaginación, con matices tanto de un expresionismo pop como de cierto barroquismo, la película es audaz en estas mezclas, donde nos sentimos subidos a un tren fantasma desatado y satírico. Sin temor dudas, Un fantasma en el paraíso es la primera película completamente marca De Palma y… para la posteridad.


