Tres biopics de músicos que contradicen la estructura clásica con distintas formas de construir al personaje Por Martín Vivas

Control (2007) Anton Corbijn
Los fundamentos para la definición última del personaje en una biopic son variados. Es que, además de precisar sus rasgos propios, se pone el acento en la construcción en relación a su entorno más próximo (familia, compañerxs de trabajo, etc.) y el ambiente social, político, artístico en el que se mueve. En Control, el director parte de la biografía escrita por la viuda del cantante de Joy Division. Asimismo, Sam Riley (Ian Curtis) asegura haber trabajado con videos de shows en vivo de la banda, para así lograr acercarse a una certera interpretación. La elección del ByN se encuentra en sintonía con la personalidad del artista, una figura que nos dispensa más interrogantes que respuestas. La compleja relación con la fama, la paternidad y el matrimonio. Pero fundamentalmente la dificultad de los demás para comprenderlo, y de la medicina del momento para atender a su enfermedad. Una biopic distinta en cuanto a su estructura y a los elementos habituales que elabora el subgénero, que logra capturar la esencia del espíritu y poesía del músico. Capaz de contentar a los fanáticos de la banda (los actores tocan realmente sus instrumentos) y de conmover a aquellos ajenos a la materia.
2 – Amadeus (1984) Milos Forman
En Amadeus la historia está contada por un personaje aparentemente enemistado con Mozart. Es Salieri el que toma la palabra y se confiesa ante un cura. Es probable que en ello radique la inexactitud del relato. En las biopics esta es una herramienta característica que justifica el reacondicionamiento de hechos que cronológicamente se encuentra muy alejados, para darle congruencia y sentido al film. En este caso, al ser Salieri el orador podemos apropiadamente decir que la idea de presentar a Mozart de esta manera sea una forma despectiva de presentarlo, ya sea como un músico que adolece de seriedad al componer, que tiene una risa patética y cuya moral es deplorable. De este modo, el elegido de Dios para hablar a través de sus composiciones es un niño caprichoso, arrogante y borracho. Quizás sea por ello que la película se aleja de la clásica estructura de las actuales biopics de músicos. Casi no hay referencia a la infancia y adolescencia de Mozart. No simplifica en escenas variopintas la vida del músico, alejándose de films que logran estereotipar a los artistas, y de intentar la empatía y enternecimiento del espectador. Además, no hay momento de consagración final.
3 – Pajarito Gómez, una vida feliz (1965)
La película presenta la historia de un cantante popular. Es el relato dentro del relato. Se nos enrostra la construcción ficticia del músico a cargo de la industria musical. Su infancia y adolescencia están en constante revisión, con el único objetivo de crear el arquetipo perfecto para que los medios puedan vender el producto: un ídolo de una moral intachable. Se le conocerán romances, canciones con letras apropiadas, la idea es “ser rebelde sin ser malo”. Sin embargo, la fachada oculta una realidad que se vislumbra en las escenas donde aparecen la madre y la ganadora del concurso que pasa un día entero con Pajarito. En ambos casos se evidencia la crueldad del sistema, que lleva al músico a actuar de una manera impersonal, y del que no puede escapar si pretende tener éxito. En el velorio final, Kuhn alcanza a captar el sincero llanto de los fanáticos frente al ídolo ausente, la música que seguirá sonando porque es allí donde vivirá por siempre, pero también el interés del mercado por los negocios póstumos y finalmente el grito de la novia de Pajarito, que denota desesperación porque sabe que al otro día todo seguirá funcionando como si nada hubiera sucedido.



